La historia de uno de los primeros ultramaratonista puertorriqueños

El quebradillano José Miguel Pérez corrió en 1970, sin detenerse, desde Bayamón a Quebradillas.

En muchas ocasiones el pueblo de Quebradillas se comenta de aquella gesta que realizó el atleta quebradillano José Miguel Pérez cuando en el 1970 corrió desde Bayamón hasta a Quebradillas sin detenerse, sin caminar, solo corriendo.

En esta entrevista, 50 años después, pudimos escuchar de su propia voz esa hazaña, para para beneficio de las nuevas generaciones que de alguna forma u otro aman el deporte del running.

Mi primer “Coach” fue mi abuela

El “Olímpico”, como le conocen debido a que participó en las Olimpiadas de Ciudad México en el 1968 en el deporte de esgrima, nos cuenta que su interés por el atletismo nació como a la edad de los 12 años.

“Mi abuela fue mi primer “coach”. Recuerdo que ella me enviaba a buscar encargos al pueblo y para presionarme ella salivaba al suelo y me decía que tenía que ir y volver antes de que se secara el fluido,” contó entre risas.

Entre una gran variedad de deportes, en los que sobresalió que incluyen la esgrima, tiro al blanco y atletismo, logró ser admitido en la Universidad de Puerto Rico con una beca universitaria por el “running”. Incluso estos tres deportes mencionados fueron en los que participó internacionalmente representando a Puerto Rico.

José Miguel Pérez y Aby Sánchez.

La promesa

José Miguel corrió todas las distancias en el atletismo desde carreras cortas (800 metros) hasta maratones completos (26 millas) en varias ocasiones. Amante del baloncesto y fiel seguidor de los Piratas de Quebradillas, nos cuenta que en 1970 decidió hacerle una promesa a su pueblo.

“Cuando restaban unos cuatro juegos para finalizar la serie regular, como nosotros (los Piratas) no habíamos ganado ningún campeonato, yo prometí que si obteníamos el título vendría corriendo desde la cancha del adversario hasta la Plaza Pública de Quebradillas. Tocó Bayamón,” contó el Olímpico.

Son 56 millas, si amigo que me lees. Más de dos “full marathons” sin caminar.

No hubo preparación

José Miguel me cuenta que no hubo preparación alguna físicamente. Tenía 32 años en ese instante y se encontraba activamente entrenando a unos jóvenes en la disciplina de esgrima.

“Entrenaba con ellos y todos los días corría dos o tres millas. Además “tiraba” aproximadamente 12 a 15 asaltos diariamente. Nunca había corrido más de un maratón (26 millas),” confesó.

El 22 de septiembre de 1970 arrancó a las dos de la madrugada desde la Cancha Pepín Cestero de Bayamón con un equipo conformado por 13 personas entre los que habían profesionales de la salud y amigos que irían tras de él en una guagua. Estos le asistirían con la hidratación y lo que pudiera necesitar en la travesía.

Calambres en el camino

No existían suplementos. Caldo de pollo, jugos naturales, aspirinas, agua y torniquetes para los calambres fue lo que llevó su equipo para el recorrido.

“No necesité las aspirinas pero si te cuento que cerca de Vega Alta me comenzaron a dar calambres en la pierna izquierda. Cuando iba por Manatí en la derecha. Esos torniquetes me ayudaron a poder seguir y completar la ruta.”

Una ruta con muchos retos como las elevaciones, el monóxido de carbono que emitían los vehículos de motor, entre otros.

“Pero también te cuento que esos torniquetes me pudieron haber costado la vida,” añadió.

Y es que como consecuencia de los mismos perdió cuatro uñas de sus pies, dos de las cuales nunca se han regenerado de manera correcta.

“Se quedaron como una marca de esa prueba que realicé.”

Llegando a Quebradillas

En su amena charla, José cuenta que cuando ya venía por Arecibo dos emisoras de radio comenzaron a transmitir en vivo su travesía. Recuerda que hubo muchas personas que le apoyaban en la ruta mientras otras le suplicaban que se detuviera preocupados por su bienestar.

“Frankie Hernández (moderador de radio) me pedía en el aire que no sacrificara mi vida. Que me detuviera y caminara.”

Una vez entrando por el antiguo McDonalds de Quebradillas había un mar de personas esperándolo y comenzaron a tratar de cargarlo pero él les indicó que lo dejaran. Que él quería llegar a la misma Plaza de Recreo.

“Mi suegro en aquel momento, que era un hombre de seis pies con cinco pulgadas, trataba de cargarme y yo les decía que me dejaran llegar.”

Fue a las 11:30 de la mañana que completó su promesa llegando al mismo pueblo que le vio nacer y crecer.

“Llegué consciente pero inmediatamente perdí la consciencia. Gracias a Dios que habían ambulancias y médicos para atenderme.”

Nueve horas con 30 minutos para completar las 56 millas. Para los que conocen el deporte del “running” esta ruta resulta en un “pace” promedio de 10 minutos con 11 segundos por milla (10:11). Sencillamente increíble.

Hospitalización y recuperación

Una vez completado el reto José Miguel fue recluido por tres días en hospital donde fue inyectado y le suplieron sueros. Además pasó cinco días adicionales en su hogar bajo reposo total.

Hoy rememorando todos los sucesos, José Miguel piensa que hizo todo lo posible para poder llegar a su destino sin parar.

“Lo único que pudiera cambiar de esa travesía sería el haberme dejado tanto tiempo los torniquetes puestos. Eso pudo haber sido perjudicial para mi salud y mi vida,” concluyó.

Mis respetos a José Miguel. Gracias por todo lo que le has dado y sigues dando a tu país y a tu amado pueblo.

Artículo por: Aby Sánchez / abysanchezpr@gmail.com

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